Este primer autorretrato, pareciera representar a una joven de 16 años, lo cierto es que la pintora no nació en el año de 1910 como ella lo hizo creer, sino el 7 de julio de 1907

El año de 1926 Frida Kahlo se encontraba postrada en cama debido al accidente sufrido el año anterior. Fue entonces que realizó y firmó su primer autorretrato que regalaría a su primer amor y compañero de la Preparatoria Nacional, Alexandro Gómez Arias. La pintura se conoce como Autorretrato con traje de terciopelo. Durante dos años pintaría otros retratos, el de su íntima amiga Alicia Galant, el de su amigo bachiller Miguel N. Lira, así como un retrato de Gómez Arias.

Este primer autorretrato, pareciera representar a una joven de 16 años, lo cierto es que la pintora no nació en el año de 1910 como ella lo hizo creer, sino el 7 de julio de 1907. Previo al año del centenario, los investigadores y críticos de arte que preparaban la exposición Frida Kahlo 1907-2007, fueron los encargados de hacer la rectificación del nacimiento. Es muy posible que Frida haya fijado su nacimiento en 1910, por la carga simbólica que representa para los mexicanos, la fecha del estallido de la Revolución Mexicana; movimiento que abrió también la puerta del arte moderno en nuestro país.

La de 2007 constituye la muestra más grande que reunió en el Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México, un promedio de 150 pinturas, cartas, diarios, y otros objetos personales de Kahlo, ente las que destacan 55 autorretratos. Hay que decir que estos se atesoran en la figura de la fundación Diego Rivera y Frida Kahlo, bajo el resguardo del Banco de México, y las colecciones Dolores Olmedo y Gelman, principalmente.

No está de menos recordar que en los últimos 30 años se ha generado una rotunda fridomanía con un sentido muy popular desde una bolsa de ixtle para ir a hacer el mercado con su rostro estampado, hasta las polémicas muñecas Barbie que en dos ocasiones se han fabricado y que debido a los derechos de autor han sido retiradas del mercado. A esto hay que agregar que la cantante Madonna adquirió en subasta por lo menos dos obras de nuestra artista: Mi nacimiento (1932), Autorretrato con chango o mono araña (1938). En años recientes las casas de subasta neoyorquinas han colocado el nombre de Frida Kahlo entre los más buscados en el mercado internacional del arte. Se dice que la cantante estadounidense posee también una de las pinturas con mayor carga surrealista que realizó Kahlo: Soy un pobre venadito o El ciervo herido (1946).

En 1925, Frida le dice en carta a Alejandro Gómez Arias, que tan pronto como pueda se pondrá a trabajar y que realizará una pintura que le obsequiará. Y en efecto, en septiembre de 1926 queda concluido el Autorretrato con traje de terciopelo. Al respecto, Raquel Tibol, una de las principales biógrafas de Frida y crítica de su obra, añade una nota en las Escrtituras de Frida Kahlo (2004): “La pintura ya había comenzado a ocupar algo de su tiempo… en septiembre de 1926 decidió pintar el Autorretrato con traje de terciopelo (óleo sobre tela 79.7 x 59.9 cm). Medio cuerpo, la mano derecha cruzada en la cintura, la mirada orgullosa dirigida al espectador. Al fondo un paisaje oscuro de mar y montañas… En el reverso de la tela escribió: ‘Frida Kahlo a los 17 años… Coyoacán’… Cuando se lo envió a Gómez Arias escribió esta nota: ‘Perdona que te lo de sin marco. Te suplico que lo pongas en un lugar bajo, donde lo puedas ver como si me vieras a mí’”. Recuerdo haber leído de pluma de Teresa del Conde, crítica de arte, que en esta obra y en el retrato de Alicia Galant, Frida mostró sus dotes de conocedora de la tradición pictórica del Renacimiento.

En el mismo campo, Víctor Díaz Arciniega, abona que desde las primeras obras realizadas por Frida durante su convalecencia, entre 1925-1927: Muchacha pueblerina, Échate la otra, Cantina tu suegra, Paisaje urbano y El accidente, “ya se advierte el progresivo y decisivo aprendizaje del manejo del color dentro de las limitaciones de los materiales, la atención en el encuadre –con voluntaria omisión de la perspectiva para acentuar el efecto de imagen sin volumen- y cierto afán realista en la caracterización del rostro, en sí misma la anécdota”.

El mismo crítico de arte anota: “Según algunas fuentes especializadas y catálogos, durante estos años de 1926 y 1927, Frida Kahlo pintó varios retratos más, seis de ellos correspondientes a sus hermanas y amigos cercanos… Más aún –consideran los especialistas-, en su acercamiento a la historia del arte, ella identificó como propio cierto aire renacentista en la caracterización del rostro del retrato, de ahí su invocación a Bottichelli para referir a su primer autorretrato, y un vago eco del art déco en las ornamentaciones”.

En cuanto a los retratos de Alicia Galant, Miguel N. Lira y Alejandro Gómez Arias, hay que destacar el segundo, que se vuelve singular, ya que Frida muestra sus dotes en la composición ad oc con las vanguardias europeas en boga. El fondo del retrato de N. Lira lo coloca en el gusto del estridentismo, tan frecuentado en México, principalmente por poetas y escritores.

En cuanto a esta primera etapa del aprendizaje pictórico de Frida, afirma Díaz Arciniega: “Se aplicó con fuerza y habilidad, prosiguió otra más vigorosa en su rigor expresivo y más atenta al empleo del óleo y de una técnica adecuada, que hará suya junto con una más definida noción del retrato, en donde desplegará toda su energía creativa”.

Sin ser la intención por ahora de abundar sobre esos 55 autorretratos arriba mencionados, acompañamos estas notas con una galería de varios de ellos, como se dijo, conservados en colecciones públicas y privadas. El lector tiene al alcance también un amplio número de catálogos y textos biográficos para acercarse a la obra de la pintora que da lustre a la plástica mexicana: Frida Kahlo.

Ramón Sánchez Reyna. Historiador formado en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Autor de algunos textos sobre historia y arte. En el año 2010 editó el suplemento Voces del Bicentenario en este mismo diario.