Morelia, Michoacán / Asaid Castro / ACG

Reyna pensó que iba a morir cuando le dijeron que tenía cáncer cervicouterino. Apenas comenzaba a entender su propio diagnóstico cuando, un año después, la enfermedad volvió a tocar la puerta de su casa, esta vez con el nombre de su hijo.

Mientras ella recibía radiaciones y tratamientos, él era diagnosticado con leucemia. Desde entonces, dejó de ser solamente paciente: también se convirtió en cuidadora. Su historia volvió a escucharse este miércoles durante la entrega de apoyos del programa de atención al cáncer infantil, por parte del Gobierno de Michoacán, donde familias como la suya recordaron que la enfermedad también se enfrenta fuera de los hospitales.

A veces estaba en una consulta para ella y otras acompañando a su hijo. Los pasillos, las salas de espera y los traslados se hicieron parte de la rutina familiar durante casi dos años. Primero fue su tratamiento, que se prolongó cerca de un año; después el de su hijo, con una duración similar. Entre medicamentos, estudios, radiaciones y quimioterapias, la familia aprendió a dividir el tiempo para sostener dos luchas al mismo tiempo.

«Fue una parte muy difícil para toda la familia. A veces yo estaba en el hospital, a veces me tocaba estar en ambos lados», recuerda Reyna, quien asegura que el golpe más duro llegó cuando todavía intentaba asimilar su propio diagnóstico. «Yo sentía casi que me iba a morir. Imagínate, yo y luego mi hijo… fue muy pesado», dice.

El alivio que llegó fuera del hospital

Durante el evento, donde estaba Reyna, autoridades estatales destacaron que uno de los principales retos para vencer el cáncer es evitar que los pacientes abandonen sus tratamientos. El secretario de Salud, Elías Ibarra, señaló que en Michoacán ese porcentaje pasó de tres de cada diez pacientes a apenas dos de cada cien en el caso del cáncer infantil, mientras que el apoyo económico busca ayudar a cubrir gastos de transporte, alimentación y medicamentos que muchas veces ponen en riesgo la continuidad de la atención médica.

Reyna conoce bien esa realidad. Cuenta que el respaldo económico representó un respiro para su familia en medio de los constantes viajes y gastos. «Nos brindó mucho alivio porque es para pasajes, comidas, traslados y medicamentos. Es mucha ayuda», explica. Hoy, tanto ella como su hijo lograron superar la enfermedad y asegura que, después de todo el proceso, la vida comenzó poco a poco a recuperar la normalidad.

“Claro que se puede”

Antes de enfermarse, Reyna no imaginaba que un sangrado constante y una anemia severa escondían un cáncer cervicouterino. Dice que la enfermedad avanzó en silencio hasta que los estudios médicos confirmaron el diagnóstico.

Por eso ahora insiste en la importancia de realizarse revisiones oportunas y no abandonar los tratamientos.

«Que le echen ganas, que no se desanimen y que no abandonen sus tratamientos», dice convencida. Luego sonríe y responde sin titubear cuando le preguntan si el cáncer puede vencerse: «Claro que se puede». Su historia, marcada por haber enfrentado la enfermedad desde los dos lados de la cama del hospital, terminó convirtiéndose en uno de los muchos rostros que dieron sentido al programa de apoyo presentado este miércoles para familias cuidadoras de niñas y niños con cáncer en Michoacán.